Diciembre de 2022

Entre el mar y la mirada

El viernes 16 de diciembre de 2022, a las 7 de la tarde, en el Museo Hidráulico Molinos del Río - Caballerizas, situado en el centro de Murcia, junto al río Segura, se inauguró la exposición TRAZAS SOBRE EL MURO - Proyecto fotográfico, realizada por mi querido amigo Gabriel Navarro Carretero, doctor en Psicología y jefe del Centro Informajoven del Ayuntamiento de Murcia. La exposición permanecerá abierta hasta el 28 de enero de 2023.

En los últimos cuatro años, Gabriel ha estado haciendo fotos a distancia a la gente que paseaba por el muro rompeolas del puerto de Cabo de Palos. Una primera selección la expuso en Cartagena, en la cafetería El soldadito de plomo, en mayo y junio de este mismo año. Gabriel nos reunió a un grupo de amigos y amigas, nos explicó la exposición y nos animó a comentarla entre todos. Hace mes y medio, cuando estaba preparando la nueva exposición en Murcia, me envío todas las fotos que iba a exponer y me pidió que escribiera un breve texto para el catálogo. Y ese es el texto que reproduzco aquí.


Entre el mar y la mirada

El mar es inmenso, poderoso, inabarcable. Es un símbolo de lo “sublime”, lo que conmueve y desborda al ser humano, lo que le recuerda que es una criatura vulnerable y efímera. Es la fuente de la vida, pero también puede devorar a quienes se aventuran en él. Cada año mueren en el Mediterráneo miles de personas tratando de llegar a la fortificada Europa. Pero, en esta exposición, el mar no es el personaje principal. Por eso, no se muestra su horizonte.

Entre las olas del mar y la tierra firme, un muro protege la bocana del puerto. Es el linde entre dos mundos. Quien pasea por él puede experimentar lo ilimitado desde la seguridad del límite. Unas personas miran al mar, otras le dan la espalda y otras están ensimismadas en lo que hacen, pero todas repiten el milenario juego catártico del “naufragio con espectador”. Cada una lo hace a su manera. Ante el fondo infinito del mar, cada paseante esboza un pequeño fragmento de su vida.

Esa anónima comedia humana no dejaría huella alguna si no hubiera detrás, a cierta distancia, un segundo e invisible espectador que capta con su cámara los más fugaces gestos. Son “trazas sobre el muro”, pero también sobre el papel impreso. La fotografía escribe blanco sobre negro. Cada foto es un poema que registra, en un recuadro de sombra, la efímera luz de lo real.

El último personaje de este juego de espejos es la persona que contempla esas fotos. Ve el mar, el muro, los gestos de los paseantes, el ojo atento del fotógrafo. Y experimenta el inquietante goce de desplazarse con la mirada, con la emoción, con el pensamiento, por esos distintos y entrecruzados pliegues del mundo y sus transeúntes, reunidos en una sola imagen.



Última actualización: diciembre_2022 2022/12/17 00:30

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