====== La religión satisface necesidades humanas que no han sido plenamente reemplazadas ====== Autora: María Isabel Marín Ortiz

Antes de comenzar a presentar la idea principal que defenderé en este ensayo, es preciso aclarar el concepto de religión que abordaré. La religión aquí la entiendo en relación con el concepto de //religare//, es decir, en cuanto vínculo que vuelve a unir al ser humano con la transcendencia o con lo que le da fundamento. El término //re-ligare// viene de Lucrecio, posteriormente mantenido también por Lactancio, según el cual, el término deriva del verbo latino //re-ligare//. Este concepto de religión nombra el acto mismo de //ligarse// a un sentido último y una verdad superior. La religión es aquello que de alguna manera ordena y unifica al hombre con algo que lo transciende, consigo mismo, con los otros y con el mundo bajo un horizonte de significado. La religión ha desempeñado desde siempre un papel fundamental en la vida humana. En los yacimientos donde se hallaron restos de los primeros seres humanos también se han encontrado indicios compatibles con diversas manifestaciones simbólicas y rituales. Esto sugiere que la dimensión religiosa, de un modo u otro, ha estado presente desde los orígenes de la humanidad. A lo largo de la historia, además, ha ido adoptando formas distintas según el tipo de sociedad, cultura y época en que se desarrollaba. La sociedad contemporánea atraviesa una profunda crisis que se manifiesta de manera especialmente visible entre los jóvenes: aumento de los problemas de salud mental, crecimiento de la soledad, debilitamiento de los vínculos comunitarios y una extendida sensación de pérdida de sentido. Son muchos los intelectuales y autores que han llamado la atención sobre este malestar de nuestro tiempo. También son diversos los factores que podrían explicar esta situación, que se refleja de forma particular en los jóvenes, precisamente en aquellos que, por su edad y vitalidad, deberían estar más dispuestos a «comerse el mundo», pero que con frecuencia aparecen desorientados, desesperanzados y sin motivación. Ante este panorama, surge una pregunta de fondo: ¿está todo esto relacionado con la pérdida del papel fundamental que la religión desempeñaba en nuestras sociedades, o responde más bien a causas meramente culturales y propias de la época contemporánea? En relación con esta idea, la tesis que pretendo defender en este ensayo es que la religión es un elemento esencial del ser humano, que satisface necesidades humanas fundamentales, como la pertenencia, el sentido y el consuelo, que las sociedades contemporáneas no han logrado reemplazar de manera equivalente. Por tanto, este ensayo no pretende defender la verdad de las creencias religiosas, sino analizar su función en la satisfacción de determinadas necesidades humanas. En primer lugar, la religión, tal y como la conocemos en Occidente, hace posible que se creen grupos y comunidades de pertenencia, a través de la realización de ritos, como el acudir a misa todas las semanas en la misma iglesia o el formar parte de un grupo concreto donde se vive la fe. El sentimiento de pertenencia a un grupo en el cual se comparten el mismo tipo de deseos y aspiraciones ayuda a obtener más felicidad. El ser humano es un //zoon politikon//, está necesitado de pertenencia y de afiliación; es un ser social y comunitario por naturaleza, esto significa que no está hecho para vivir aislado, porque cualquier tipo de actividad importante del ser humano se desarrolla en vista de otra persona, ya que la vida está organizada como una vida común con otras personas. Por eso el ser humano está hecho para relacionarse con los demás. En segundo lugar, la religión ofrece consuelo porque da una respuesta al sufrimiento y a situaciones límite como la muerte. No elimina el dolor, pero lo sitúa dentro de un marco de sentido. Es decir, no suprime el sufrimiento, sino que lo llena de significado, haciéndolo así más soportable, porque ya no se sufre de manera absurda o incomprensible, sino en relación con un fin, una esperanza o una verdad más alta. De este modo, la religión responde a una necesidad profundamente humana: la de encontrar consuelo y otorgar explicación y sentido al sufrimiento. Esta idea se ve reflejada en autores como Víctor Frankl, especialmente en su obra //El hombre en busca de sentido//, quien a partir de la idea del sufrimiento vivido en los campos de exterminio, defiende que una de las vías de escape de las personas que sufrían era recurrir a la religión, ya que es una de las únicas formas que tiene el ser humano, en una situación extrema, de encontrar sentido al sufrimiento. Y, por último, la religión sirve a modo de guía, es decir, la religión funciona como una brújula existencial, ya que orienta la vida personal y configura la cultura, al responder a las preguntas decisivas sobre el sentido, el bien, el sufrimiento y el modo justo de vivir. Colma la necesidad del hombre de ser guiado. Frente a mi tesis defendida en este ensayo, pueden formularse al menos tres objeciones importantes. Se trata de objeciones que sostienen que la religión ya no sería necesaria para satisfacer las necesidades humanas de pertenencia, consuelo y orientación, bien porque existen equivalentes seculares, bien porque las sociedades contemporáneas han aprendido a organizarse al margen de ella o incluso porque su balance histórico habría sido más perjudicial que beneficioso. La primera objeción sostiene que la religión ha dejado de ser imprescindible porque en el seno de la sociedad actual están apareciendo instancias seculares con pretensión de sustituir ese supuesto hueco dejado por ella. La ciencia ofrece una cosmovisión del mundo que hace prescindible la explicación religiosa; para ofrecer consuelo ante el sufrimiento ya están la psicología y la psiquiatría; para generar sensación de pertenencia aparecen las asociaciones y movimientos sociales; para orientar la conducta están la ética civil, los derechos humanos o los sistemas educativos. Con respecto a esta primera objeción, cabe responder que ni la ciencia ni la psicología abordan del mismo modo que la religión problemas fundamentales como la muerte o el sufrimiento. En rigor, no existe una única instancia que reúna de forma integrada las condiciones necesarias para satisfacer las necesidades humanas tal como lo hace la religión, la cual atiende a la mayoría de ellas. Por el contrario, ámbitos como la ciencia, la psicología o la sociedad civil pueden, considerados por separado, dar respuesta a algunas de estas necesidades, pero ninguno lo hace de manera completa. En este sentido, aquello que diversas instancias intentan satisfacer de manera fragmentaria e incompleta, ya que no son capaces de responder a problemas tales como el sufrimiento o el mal, encuentra en la religión una respuesta unitaria capaz de colmar ese conjunto de necesidades. Esta segunda objeción va encaminada a mostrar cómo la secularización puesta en marcha no ha supuesto la ruina social y la decadencia moral. Al contrario, las sociedades más secularizadas del mundo presentan altos niveles de bienestar, seguridad, prosperidad económica y protección social. Desde este punto de vista, la cohesión social, la ayuda mutua, la moral pública o el propio sentido de pertenencia no dependen de la religión, sino de instituciones civiles que fomentan un elevado nivel de sociabilidad. Según los que objetan desde este punto de vista, no estaría demostrado que la pérdida de centralidad de la religión conduzca por sí sola al vacío existencial. Para responder a la segunda objeción, conviene matizar qué entendemos por la palabra «bienestar», porque, la sociedad contemporánea, en cuanto a bienestar físico y material se refiere, está cubierta; sin embargo, la parte del bienestar mental no lo está, pues se encuentran fenómenos como el aumento de la soledad, la ausencia de vínculos con el otro y un generalizado vacío existencial. En este sentido, el diagnostico de Zygmunt Bauman sobre la «sociedad líquida»1 resulta pertinente, ya que, aunque las instituciones civiles garanticen ciertos aspectos de nuestra vida, no garantizan uno de los más importantes: el sentido de la vida. Creo que eso se ve en la falta de sentido que hay en una sociedad, carente de relaciones verdaderas y de valores sólidos. Una tercera objeción, más radical, afirma que la tesis de que la religión satisface necesidades humanas insustituibles presupone que el sentido, el consuelo y la pertenencia requieren necesariamente de un fundamento trascendente, cuando en realidad esas necesidades pueden entenderse como construcciones históricas que la religión ha monopolizado durante siglos sin ser su única ni su mejor respuesta. De hecho la religión no solo ha monopolizado este tipo de discursos vinculados a las tres grandes necesidades humanas sino que es ella la que ha generalizado esos discursos y, generándolos, los ha hecho necesarios. Con respecto a la tercera objeción, se podría responder con lo siguiente: las religiones responden a una profundidad y a una necesidad de sentido de las personas. La religión no monopoliza el discurso sino que simplemente trata de dar respuesta a preguntas como ¿cuál es el sentido último de la existencia? o ¿por qué existe el sufrimiento?, preguntas que solo se pueden responder desde una perspectiva religiosa. Además es una monopolización falsa porque, por ejemplo, la filosofía ha tratado de responder también a esas necesidades a través de distintas tesis o reflexiones. De hecho, la filosofía enseña a morir o a gestionar el sufrimiento a través de corrientes como las del estoicismo o epicureísmo. Por tanto, se puede concluir que es cierto que las sociedades contemporáneas han desarrollado instancias seculares capaces, de alguna manera, de asumir parcialmente algunas funciones que antes desempeñaba la religión, pero eso no significa que hayan conseguido sustituirla de manera plena. La ciencia puede explicar el mundo, la psicología aliviar el sufrimiento y las instituciones civiles organizar la convivencia, pero ninguna de ellas parece capaz de responder por completo a la necesidad profunda del hombre de pertenencia y orientación última. Aun aceptando que existen otras vías que podrían colmar algunas de las necesidades básicas del ser humano, es innegable su importancia antropológica, sobre todo en el actual ambiente cultural. La soledad, la desorientación y la pérdida de sentido, especialmente visibles entre los jóvenes, permiten pensar que la marginación de la religión no ha eliminado esas necesidades, sino que las ha dejado más expuestas y, en muchos casos, insuficientemente satisfechas. ---- 1 La «sociedad líquida» designa una forma de vida social caracterizada por la fluidez, la inestabilidad y la ausencia de estructuras duraderas, en la que los vínculos, las identidades y las instituciones ya no conservan una forma fija, sino que se transforman constantemente, impidiendo la consolidación de referencias sólidas (//Liquid Modernity//, 2000)

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