La experimentación animal: una práctica innecesaria y cuestionable

Autora: Paola Parreño Russo

El uso de animales con fines científicos es algo bastante común en la actualidad. A día de hoy una gran cantidad de especies siguen sufriendo las consecuencias de la experimentación a fin de avanzar científicamente, pero ¿es realmente necesario? y, sobre todo, ¿es ético?

En España el uso de animales para la experimentación y la docencia ha descendido en un 22,5%, pero la severidad de los procesos ha aumentado. Las prácticas calificadas como “leves” cayeron del 66% al 50%, mientras que las pruebas “moderadas” saltaron del 25% al 40%, y las consideradas “severas” subieron del 5,8% al 7,8% (AnimaNaturalis, 2025). Los distintos procesos, como ya hemos visto, se clasifican en: leves, moderados y severos. Los procedimientos leves incluyen la administración de anestesia o sedación, así como la realización de estudios con una única dosis de sustancia y extracciones limitadas de sangre sin efectos nocivos relevantes. Igualmente, incluyen la utilización de animales modificados genéticamente con efectos leves, reducción del alimento y confinamientos breves (Real Decreto 53/2013).

Siguiendo con esto, los procesos moderados abarcan la administración repetida de sustancias con efectos clínicos moderados y la extracción significativa de sangre en animales conscientes sin reposición de volumen. Del mismo modo, se emplean estudios toxicológicos y de carcinogenicidad con resultados no letales, así como cirugías realizadas bajo anestesia que pueden generar dolor o complicaciones posteriores, como intervenciones en órganos, trasplantes o implantación de dispositivos biomédicos. Análogamente, se contemplan modelos de enfermedad como la inducción de tumores con efectos moderados, tratamientos como radioterapia o quimioterapia en dosis subletales, condiciones de alojamiento restrictivas, como el uso de jaulas metabólicas o el aislamiento prolongado, dietas con carencias nutricionales y ayunos prolongados (Real Decreto 53/2013).

Por último, las prácticas severas realizan ensayos toxicológicos con muerte como punto final, pruebas de dispositivos cuyo fallo puede causar daño grave y estudios de vacunas que provocan una enfermedad progresiva. De la misma forma, abarcan tratamientos como radioterapia o quimioterapia a dosis letales sin recuperación del sistema inmunitario, así como modelos de cáncer avanzados con tumores invasivos, metastásicos o ulcerados. También se emplean cirugías y procedimientos invasivos que generan complicaciones graves o daños persistentes, trasplantes con alto riesgo de rechazo y la creación de modelos animales con enfermedades genéticas severas. Además, se incluyen condiciones extremas de alojamiento como la restricción severa de movimiento, el aislamiento prolongado, descargas eléctricas inevitables o técnicas de inmovilización y esfuerzo físico extremo hasta el agotamiento.

Datos, sin duda, que, pese a mostrar una reducción del uso animal, también dejan ver el aumento en el sufrimiento de otros de ellos. Del mismo modo, muestran la brutalidad de muchos procedimientos, además de la mala situación que sufren algunos animales en jaulas a los que no se les permite ni moverse (Real Decreto 53/2013).

Hay quien lo cree totalmente necesario y justificado en nombre de la ciencia, puesto que hay ciertas pruebas que solo se pueden considerar seguras tras probarlas en un organismo vivo. Por otra parte, otros lo entienden como algo cruel que debería ser reducido al máximo o incluso eliminado, sobre todo teniendo en cuenta que existen alternativas viables.

En el siguiente ensayo procedo a defender una visión donde el uso de animales en la investigación debe anularse para evitar sufrimiento innecesario. No es una postura contra la actividad o el avance científico, sino una aportación para reformular su ética en ciertos casos.

En primer lugar, para poder entender la repercusión que este tipo de prácticas tienen sobre los animales hay que ser conscientes de su sensibilidad y experiencia. Los animales, a pesar de que muchos lo ignoren o prefieran obviarlo, comparten el mismo dolor que nosotros. No sufren únicamente durante la propia experimentación, sino también mientras se encuentran encerrados en jaulas que limitan toda su actividad física y motriz, lo que perjudica la totalidad de su bienestar tanto físico como mental. Es muy sencillo comprender que es inhumano encerrar a una persona de por vida y someterla a constantes experimentos dolorosos, pero por algún motivo no es tan fácil de comprender en animales, o al menos interesa no cuestionarlo. La poca moral tras estas prácticas en su mayoría reside en la concepción de los animales como “cosas” y no como seres vivos que sufren.

Igualmente, cabe destacar que tras la mayoría de los experimentos los animales reciben la eutanasia, reduciendo su vida a un mero usar y tirar (University of Pittsburgh, 2022). Por ejemplo, durante la pandemia de COVID-19 se desarrollaron numerosas vacunas, todas ellas probadas primero en animales, tras lo que, en su mayoría, como es el protocolo habitual, recibieron la eutanasia. A la hora de testar vacunas, primero se hacen estudios in vitro, para después pasar a inyectarlas en animales, y así, probar su toxicidad o respuesta inmune (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios [AEMPS], s. f.). Concretamente en España, para estudiar una de las vacunas candidatas se llevó a cabo la experimentación preclínica en ratones, ratas y macacos, en los que se probaron distintas dosis de antígeno y de adyuvante. Igualmente, para estudiar la eficacia protectora de la vacuna se utilizaron macacos a los que previamente se había infectado de SARS-CoV-2 (nombre del virus específico que causa la infección) (García San Miguel y Portela Moreira, 2020). Este tipo de pruebas generan efectos adversos en ellos muchas veces irreparables, que no solo les provocan sufrimiento, sino también la muerte.

Del mismo modo, de acuerdo con el artículo 20 del Real Decreto 1201/2005 que trata de la protección de los animales utilizados para la experimentación y otros fines científicos, no se les aplicará anestesia cuando sea incompatible con los fines del proceso, es decir, sufrirán todo el experimento y estarán conscientes. Es por ello que esto demuestra que se realizan pruebas con animales conscientes que sufren el experimento en toda su extensión. Al fin y al cabo, esto no deja de ser una forma de maltrato encubierta y justificada.

Por ende, anular la experimentación animal elimina, al menos en el ámbito científico, el sufrimiento animal y su maltrato, que es lo mejor tanto a nivel moral como respecto a los seres vivos.

En segundo lugar, gracias a la innovación científica actual cada vez es más fácil reemplazar estos animales por distintos métodos alternativos. Por ejemplo, las técnicas in vitro permiten mantener con vida células, tejidos, órganos o partes de órganos fuera del cuerpo en un medio de cultivo que debe ser lo más parecido posible al fisiológico. También, antes se empleaba a muchos animales, sobre todo ratones, para generar anticuerpos monoclonales. Sin embargo, gracias a los avances la producción de anticuerpos monoclonales in vitro está sustituyendo de forma gradual a la producción in vivo en ratones (Cátedra Animales y Sociedad, 2019). Si se invierte lo suficiente en investigaciones para la búsqueda de otras formas de experimentación, no solo se benefician los animales, sino también nosotros que dejamos de cargar con el peso de todo ese sufrimiento innecesario cada vez que usamos una crema, un medicamento, una vacuna o incluso un champú.

Igualmente, el uso de otros modelos como los modelos matemáticos que imitan procesos patológicos o fisiológicos, además de que están hechos específicamente para imitar al ser humano, reducen los fallos inesperados que se producen cuando pasamos de un animal a un humano. Esto se debe a que muchas veces la reacción en los animales puede ser distinta que la verdadera consecuencia en humanos, lo que del mismo modo es un peligro que disminuiría con otras iniciativas (Cátedra Animales y Sociedad, 2019). Así pues, cabe decir que algunas de las nuevas técnicas son más precisas que los propios animales a la hora de simular la biología humana.

Siguiendo con esto, experimentar con animales requiere de muchos más procesos burocráticos y lentos, es más costoso y, además, más complejo que emplear otras prácticas diferentes (Universidad Complutense de Madrid, s. f.). La causa de ello es que actualmente la experimentación animal, y sobre todo en España, está estrictamente regulada, por lo que se necesitan numerosos permisos que tardan bastante en concederse, una demostración de que no hay alternativa, unas condiciones determinadas para los animales, que además son costosas de mantener… y un sinfín de medidas que complican mucho más el uso de animales.

De este modo, al cambiar de métodos se salvan vidas animales y humanas, a la vez que se mejora la calidad de vida de ambos, por lo que aplicar e invertir en iniciativas alternativas sin duda es una de las mejores opciones para terminar con el sufrimiento animal.

El tercer argumento consiste principalmente en que el progreso no puede basarse en un daño innecesario y darse a costa de otros seres vivos que lo sufren. En España, por ejemplo, se creó la reciente ley de bienestar animal en 2023; sin embargo, a diferencia de lo que debería ser, parece que no todos los animales tienen el mismo derecho. Esta ley excluye a perros de caza, pastoreo, guardería, aves de cetrería, animales de producción y de experimentación, además de animales salvajes. En otras palabras, solo aplica a los animales domésticos. Esto no es casualidad, los que escapan de nuestro marco de realidad carecen de importancia y si producen beneficio aún más.

Por ello, no podemos construir una sociedad sobre unos estándares morales tan pobres que nos permitan hacer cualquier cosa a fin de avanzar. En este caso, el fin no justifica los medios, y mucho menos cuando se trata de otras vidas que sienten.

En consecuencia, crear leyes animales que dejan a un lado a los que más las necesitan no es una solución, es el intento de tapar la realidad que se permite. Por tanto, es más beneficioso concienciar sobre la verdad y progresar gracias a los métodos alternativos que somos capaces de desarrollar, ya que no todo vale.

Tras plantear esta tesis alguien puede poner de manifiesto la siguiente objeción: la experimentación animal ha sido clave en descubrimientos médicos importantes, como vacunas o tratamientos contra enfermedades graves. De esta forma, se puede argumentar que los seres vivos son excesivamente complejos para ser reemplazados en su totalidad por otros modelos fabricados de forma artificial. De este modo, se puede defender que sin animales el progreso cesaría, llegando incluso a detenerse, de forma que entrarían en riesgo vidas humanas. Por todo esto, eliminar a los animales del marco de experimentación podría suponer tanto un peligro como un estancamiento del avance científico.

Esta propuesta en contra podría ser contestada con el segundo argumento acerca de la eficacia de los métodos alternativos. Igualmente, en respuesta a esta idea diré que, aunque en un pasado los animales pudieron presentarse como una única alternativa, actualmente la innovación científica ha avanzado a unos niveles en los que es capaz de recrear tejidos humanos, crear cultivos celulares e incluso emplear inteligencia artificial (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, s. f.). Son técnicas cada vez más efectivas, llegando incluso en muchos casos a superar a las pruebas en animales, sobre todo en términos de precisión, velocidad y coste. Por ejemplo, en los estudios sobre el cáncer la prueba en animales de una sola sustancia puede llegar a tardar ocho años y costar $400.000 o más, mientras que las pruebas sin animales cuestan entre $200 y $4.000 y pueden arrojar resultados en cuestión de días (AnimaNaturalis, s. f.). Esto muestra que no solo existen alternativas viables, sino mejores que las prácticas existentes.

La segunda objeción que considerar es la siguiente: los animales pueden sentir dolor, pero no poseen el mismo nivel de conciencia ni tienen los mismos derechos que los humanos. En consecuencia, se considera justificable utilizarlos en beneficio de la humanidad, sobre todo si se trata de salvar vidas o mejorar la salud. Este argumento se sustenta sobre la idea de que los animales no tienen nuestro nivel de racionalidad, por lo que no sufren igual que nosotros, y por ello su sufrimiento es menos consciente. Siguiendo con esta idea, al considerarse un sufrimiento menor, se hacen más importantes las vidas que se pueden salvar. Por tanto, es un mal menor a cambio de un gran bien, ya que posibilita desarrollar soluciones que salvan vidas humanas.

Frente a esto, diré que no es necesario que posean los mismos derechos para adoptar la posición de que no merecen sufrir y menos cuando es evitable. En cuanto al nivel ético, cualquier sufrimiento debería ser suficiente para otorgarle valor moral, ya que basar el valor moral únicamente en la inteligencia o en capacidades cognitivas es arbitrario, puesto que esto también implicaría que los humanos con menores capacidades de forma análoga tendrían menos valor, algo que la sociedad rechaza.

Igualmente, la idea de que poseemos más derechos que otro ser vivo por el hecho de pertenecer a especies distintas se denomina generalmente como “especismo”, sesgo no muy distinto del que se emplea en ciertas formas de discriminación como la racista, que basa su trato desigual en la raza o incluso el género. Esta forma de discriminación es socialmente rechazada hacia cualquier ser humano, por lo que del mismo modo debería ser rechazada a la hora de discriminar animales, puesto que muestra una superioridad justificada en la raza.

Es por ello que debemos considerar todas las formas de sufrimiento y no infravalorarlas. Del mismo modo que no podemos negar el derecho a una vida digna y feliz a los animales por pertenecer a otra especie.

En este ensayo he mostrado que se debería suprimir la experimentación animal, ya que supone una práctica cruel e innecesaria. Siguiendo con esto, para apoyar esta tesis, en primer lugar, he defendido la realidad e importancia del sufrimiento animal, aparentemente invisible para muchos. A continuación, he propuesto el reemplazo de estos seres vivos por otras prácticas que en muchas ocasiones resultan más eficientes, económicas, precisas y sencillas. En tercer lugar, he mostrado que el progreso no puede darse a costa del sufrimiento innecesario, ya que el fin no justifica en absoluto los medios, por no hablar de los bajos estándares morales que esto demuestra como sociedad. Para terminar, he remarcado las dos posibles objeciones más comunes, rebatiendo ciertas ideas erróneas demasiado extendidas y dando cuenta de que los animales merecen consideración y vidas dignas al igual que nosotros. En definitiva, anular la experimentación no es frenar el progreso, es hacerlo responsable, ético e incluso mejor.

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). (s. f.). Desarrollo de vacunas.

AnimaNaturalis. (31 de diciembre de 2025). La experimentación animal en España desciende en cantidad pero aumenta en crueldad mientras Europa avanza hacia alternativas.

AnimaNaturalis. (s. f.). Alternativas a las pruebas con animales.

Cátedra Animales y Sociedad. (2019). Métodos alternativos a la investigación con animales.

España. (2023). Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales. Boletín Oficial del Estado.

España. Ministerio de la Presidencia. (2013). Real Decreto 53/2013, de 1 de febrero, por el que se establecen las normas básicas aplicables para la protección de los animales utilizados en experimentación y otros fines científicos, incluyendo la docencia (versión consolidada). Boletín Oficial del Estado.

España. (2005). Real Decreto 1201/2005, de 10 de octubre, sobre protección de los animales utilizados para experimentación y otros fines científicos. Boletín Oficial del Estado, núm. 252.

García San Miguel, L. y Portela Moreira, A. (2020). Primeros resultados de estudios preclínicos de vacunas frente a SARS-CoV-2. Ministerio de Sanidad.

Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. (s. f.). Métodos alternativos.

Universidad Complutense de Madrid. (s. f.). ¿Por qué no se usan técnicas alternativas?

University of Pittsburgh. (2022). Frequently asked questions.



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