¿Qué significa la crisis del pequeño negocio? ¿Por qué debemos cuidarlo?

Autor/a: anónimo

En una de las calles de Murcia, en el barrio de la Fama, encontramos escrito en la pared “El pequeño comercio es la sangre de los barrios”. Y lo mismo podíamos decir que es para nuestras ciudades y pueblos. Estos negocios son la causa del trasiego de gente por las calles, gracias a ellos mucha gente mayor tiene algo que hacer cada día. También son estos quienes nos inspiran y los que decoran las calles: las flores en la puerta de la floristería, los libros en los escaparates, el olor a pan recién horneado… Entendemos como pequeño negocio esas pequeñas tiendas locales, de menos de diez empleados, en las que el propio empresario es quien ejerce la actividad de trabajador. En muchas ocasiones son empresas familiares que han ido sobreviviendo generación a generación. Según su definición oficial estas características corresponden a lo que se llamaría legalmente “microempresa”.

Creo que todos conservamos algún recuerdo de cuando éramos pequeños y nuestros padres nos mandaban a comprar a uno de esos pequeños negocios de nuestro barrio donde, al entrar, nos saludaban por nuestro nombre y nos preguntaban que cómo estábamos, ya fuera una panadería, la carnicería, unos ultramarinos, una mercería… En esos negocios convivían en sincronía múltiples y diferentes vidas de cada una de las personas que por allí pasaban; los vecinos compartían experiencias, recetas, consejos, problemas, pensamientos, etc. En definitiva, estas tiendas comprendían, no solo un lugar donde abastecerse, sino un lugar de socialización, cercanía, diversidad, tolerancia, inspiración y sobre todo de humanidad. Actualmente en nuestro país los pequeños negocios sufren una gran crisis; desde comienzos de siglo su número va en disminución, no obstante, desde 2020, tras la pandemia mundial, su situación se ha vuelto aún más crítica. Hasta el día de hoy desde los días de confinamiento a causa del COVID19, en España, han cerrado sus puertas casi 50.000 negocios locales y, sin embargo, las ventas online se han superado en un 95%1. No es esta la única causa de su situación, también la falta de relevo generacional o el aumento de la presión fiscal que limita la competitividad de los pequeños negocios frente a las grandes superficies son grandes retos que se les presentan.

En el presente ensayo trataré de clarificar por qué considero crucial para nuestra sociedad el cuidado de estas pequeñas empresas por parte de cada uno de nosotros como ciudadanos y consumidores, y veremos algunas de las posiciones contrarias a esta idea.

Para comenzar me gustaría aclarar que el cierre de estos comercios no afecta únicamente al propietario o los trabajadores del comercio, sino que afecta a nuestro barrio, a nuestra localidad, nos afecta a nosotros o a nuestros familiares, directa o indirectamente nos afecta a todos. Además, es también la prueba de que nuevas formas de consumo están desnaturalizando y desvirtuando las relaciones humanas y nuestras relaciones con el entorno. A continuación, argumentaré por qué.

En primer lugar, la compra online es inmediata, inconsciente e intangible, además ofrece una facilidad inquietante para gastar un dinero que, en muchas ocasiones, ha requerido horas ganar, lo cual resta valor al producto adquirido; mientras que ir a la tienda y obtener ese producto requiere de un esfuerzo algo más que económico y de una pequeña reflexión previa, otorgando así un valor añadido al producto. Por otro lado, la adquisición en línea nos aleja de lo más cercano a nosotros; es muy probable que el producto que busquemos adquirir esté disponible en una pequeña tienda física próxima a nuestro hogar. Nuestra forma de consumo puede evitar una persiana cerrada y sin vida en nuestro barrio y, a la vez, acercarnos a su propietario/a, a quien probablemente veamos a menudo. Con esto quiero decir que estos pequeños negocios nos aportan un control sobre nuestro consumo y también una cercanía con nuestro entorno físico. Además, también aportan diversidad y valor personal; las grandes superficies ofrecen puestos de trabajo para los que la cualificación necesaria suele ser mínima, viéndose la persona encargada de los mismos reducida a su fuerza de trabajo. Mientras tanto, el modelo de pequeño negocio suele responder a una inquietud o habilidad del propietario; por ejemplo, quien tenga una librería sentirá pasión por la literatura o quien tenga habilidad para la repostería tendrá una pastelería.

Por otra parte, tanto las nuevas formas y hábitos de consumo como los nuevos modelos de negocio, propios del sistema socioeconómico actual, han provocado la degradación de muchos otros sectores como puede ser el medioambiental. Por ejemplo, la moda rápida propiciada por las grandes multinacionales y las grandes plataformas digitales dedicadas al sector, cuyo modelo de negocio ha hecho posible el abaratamiento de las prendas, han provocado que, al igual que aumentaban las ventas, aumentaran los desechos, generando casi 900.000 toneladas de residuos textiles por año solo en España2. Estos residuos son o bien quemados, generando gases de efecto invernadero, o bien enterrados, plagando el suelo de microplásticos y residuos no biodegradables. Este es solo un ejemplo de sus efectos adversos y de un solo sector económico; efectos nocivos similares son propiciados por la sobreproducción agrícola y cárnica, también consecuencia del abaratamiento de estos productos a manos de las grandes superficies.

Hay quienes afirman que los pequeños comercios locales están destinados a desaparecer. Argumentan que no son capaces de satisfacer los nuevos hábitos de consumo que son consecuencia del sistema globalizado tecnocapitalista en el que vivimos, tales como la demanda de disponibilidad inmediata de los productos, la compra desde cualquier lugar y en cualquier momento (online), la compra de gran diversidad de productos en un mismo establecimiento (grandes superficies), etc. Afirman que estas pequeñas tiendas, dedicadas a productos y servicios concretos, no podrán competir con las grandes superficies ni en la oferta ni en el precio y tampoco en la presencia digital; una gran superficie abarca numerosos sectores de ventas ocupando así el lugar de lo que serían diferentes pequeños negocios, por ejemplo, ocupa el lugar de la frutería y de la ferretería ofreciendo en un mismo espacio tanto fruta como herramientas de construcción. Además, ofrece la posibilidad de compra online. En conclusión, proporciona al consumidor una comodidad que el pequeño negocio no puede ofrecer. También estos afirman que se trata de una guerra que no podrán ganar y que por eso se debe asumir su retirada, es decir, por ejemplo, que una pequeña tienda de ropa del centro de Murcia no tiene nada que hacer contra una gran plataforma de moda rápida en línea como Shein o Zalando entre otras muchas, o contra otras empresas multinacionales como Inditex. Una parte de la población entiende estos hechos como una realidad ineludible y considera que abogar por la defensa y cuidado de las pequeñas empresas es muy poco realista.

Frente a esta posición diré que no hemos perdido la conciencia sobre nuestros hábitos, no todas las personas de nuestra sociedad han adoptado estos nuevos hábitos sin ser críticas con ellos. Esta situación ha alarmado a otra parte de la población, fomentando una conciencia de consumo responsable, la cual busca alternativas con menor impacto ambiental y social. El comercio local, tradicional, de proximidad, responde a la perfección a esta demanda. Por un lado, son muchos los pequeños negocios encargados de la producción y la venta del producto, asegurando así al consumidor que en su proceso de elaboración han sido empleados únicamente los recursos necesarios y que la producción no ha generado excedentes, ya que eso provocaría pérdidas económicas para el propio negocio. Un ejemplo podría ser una fábrica/tienda de quesos artesanales. Por otro lado, continuando con el ejemplo textil, el problema sobre el mismo presentado anteriormente ha desembocado en que gran parte de la población evite consumir prendas de grandes multinacionales o plataformas digitales y decida inclinarse por las de segunda mano, lo cual propicia la reducción de los desechos textiles y la reducción de la producción, para lo que el modelo de pequeño negocio es idóneo, ya sea una tienda o un mercado/rastro. Además, desde esta conciencia social han surgido nuevos modelos de pequeño negocio que emplean como reclamo la oferta de productos ecológicos o de proximidad o biodegradables, en suma, respetuosos con el medio ambiente. El pequeño negocio no está destinado a desaparecer, sino a reinventarse, es decir, a ofrecer a sus compradores, aparte del producto, una alternativa sostenible de consumo respetuosa con el medio, un lugar en el que comunicarse de manera cercana con el entorno que les rodea y una fuente de vida e inspiración para las calles. Estamos a tiempo de tomar conciencia sobre qué forma de consumo consideramos más beneficiosa tanto para nosotros como para nuestro planeta.

También existe una amplia porción de la población que considera poco práctico comprar en tiendas pequeñas ya que requiere de más tiempo y esfuerzo que comprar en una gran superficie u online; esta dedicación a nuestra compra no es compatible con el ritmo frenético de vida que llevamos. Una persona que prefiera realizar su compra semanal en pequeños negocios necesitará desplazarse a diferentes establecimientos, mientras que quien la realice en una gran superficie se ahorrará estos desplazamientos y por tanto el tiempo que conllevan.

Bajo mi punto de vista estos desplazamientos y esta dedicación a la compra, lejos de ser poco prácticos, poseen un valor, nos conectan con el producto y lo naturalizan. Es decir, hace años, muchos productos se realizaban artesanalmente, cada uno en su casa para su propio consumo, esto requería que se les dedicara bastante tiempo. Las grandes superficies y el comercio en línea nos sitúan en el extremo contrario; en minutos obtenemos lo que antiguamente conllevaba horas, por ejemplo, pan o jabón. El tiempo y esfuerzo necesario para realizar nuestra compra en pequeñas tiendas resulta ser un punto intermedio entre la total cercanía a lo que consumimos (su fabricación) y la total distancia (su compra inmediata). El tiempo invertido en conseguir los productos hace que los valoremos más y nos sirve para recordar que al igual que ha costado esfuerzo y recursos conseguirlos, también lo ha hecho producirlos. No somos inconscientes, nuestro ritmo frenético de vida, a pesar de estar impulsado por el modelo socioeconómico actual, es una elección, es cada ciudadano quien decide si se deja llevar por él o toma otro camino que lo acerque al medio que habita. Dicho esto, podemos ralentizar nuestro ritmo de vida y con ello nuestra forma de consumo sin que suponga un perjuicio.

Los avances tecnológicos y la globalización han afectado a la vida de los comercios de nuestros barrios y ciudades. Considero que es nuestro papel como ciudadanos responsabilizarnos sobre nuestro consumo e intentar priorizar nuestra humanidad y comunidad, íntimamente relacionadas con el pequeño comercio, frente a los nuevos modelos consumistas implantados en nuestra sociedad. Cada uno debemos tomar conciencia sobre los efectos de nuestra actitud de consumo y preguntarnos: ¿qué futuro nos espera?


1 Paz Villa, Luis (2025, 30 de julio). Economía/Comercio. El País

2 Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje.



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  • Última modificación: 2026/09/17 15:22
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