Enero de 2026
Almas, pueblos, mundos
I
El alma humana es un laberinto insondable en el que muchas personas acaban extraviándose, sea de manera transitoria, sea de manera definitiva e irreparable. Se requiere toda una vida y una prudencia infinita para aprender a orientarse en ese paisaje sin caminos.
II
La vida colectiva de un pueblo se sustenta sobre un sentido común que ha ido tejiéndose trabajosamente tras muchas experiencias traumáticas y que se transmite como un tesoro intangible en el curso de las generaciones.
Pero ese sentido común puede volver a destejerse y a desgarrarse en cualquier momento, en cuanto unos pocos desalmados se conjuren para romper el vínculo con los antepasados, saquear los bienes compartidos por todos, sembrar la discordia entre unos y otros, e inundar la plaza pública con toda clase de mentiras, insultos y exhibiciones de la más extrema crueldad.
El resultado suele ser la guerra civil entre los despiadados y los compasivos, o la tiranía, la violencia y el expolio de los primeros sobre los segundos.
III
La relación entre los pueblos ha experimentado toda clase de metamorfosis: el mestizaje parental y cultural, la hostilidad bélica más o menos recurrente, el intercambio pacífico de bienes y de ideas, la conquista y la dominación, la esclavitud y el exterminio.
Tras las formas de violencia extrema a las que llegaron las naciones «civilizadas» del Norte global en la primera mitad del siglo XX, y que culminaron con los regímenes totalitarios, los campos de exterminio, las armas de destrucción masiva y más de cien millones de muertos, pareció que la humanidad superviviente había aprendido la lección y había decidido instituir unas reglas de convivencia entre los pueblos que fueran más o menos pacíficas, justas y duraderas.
Pero esa tregua, llamada también «guerra fría», sólo sirvió para que los pueblos del Norte y del Sur, del Occidente y del Oriente se lanzaran a una carrera feroz por la competencia económica, tecnológica y militar, el expolio ilimitado de todos los ecosistemas terrestres y la destrucción acelerada de las demás especies vivientes y de las condiciones biofísicas que hasta ahora habían hecho posible la vida sobre la Tierra.
Hoy, en el primer tercio del siglo XXI, estamos asistiendo a una nueva «guerra fría» global entre las grandes potencias del planeta, comenzando por Estados Unidos, Rusia y China, no sólo para asegurarse el dominio imperial sobre los pueblos de su periferia, sino también para seguir explotando sin límite los recursos terrestres, aunque con ello abran la vía a una nueva era de violencias extremas y a una degradación de los suelos, las aguas y la atmósfera que pueden acabar provocando la autodestrucción del conjunto de la humanidad o de la mayor parte de ella.
IV
¿Cómo es posible que tantas personas adultas, tantos pueblos civilizados y tantas organizaciones internacionales estén entregando su destino a unos pocos tiranos ambiciosos, ignorantes y brutales que pueden conducirnos a todos a la catástrofe?
Tal vez debamos volver al principio: el alma humana es un laberinto insondable en el que muchas personas acaban extraviándose…
Sin embargo, no podemos resignarnos a que sean esas personas extraviadas las que nos extravíen a todos. Hemos de seguir cultivando una prudencia infinita para orientarnos en el paisaje sin caminos de nuestra alma, hemos de seguir preservando entre todos el mundo común que nos han legado nuestros antepasados y hemos de hacer cuanto esté en nuestra mano para transmitirlo como un tesoro intangible a las generaciones que han de sucedernos.
Sólo así podremos decirnos a nosotros mismos que ha merecido la pena habitar durante un breve lapso de tiempo en este hermoso planeta.
Santomera, 6 de enero de 2026
Última actualización: enero_2026 2026/01/07 18:47
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- Última modificación: 2026/01/08 19:50
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