Biografía

Nací el 17 de mayo de 1956 en Santomera (Murcia), un pueblo agrícola del sureste de España, situado en el límite entre el campo de secano y la huerta de regadío, es decir, entre las laderas del Cabezo Bermejo, la Sierra Balumba y la Sierra de Orihuela (en las que hubo poblamientos argáricos y excavaciones mineras) y la vega baja del río Segura (cuyo cultivo es de origen romano y musulmán).

El pueblo también es fronterizo entre la región murciana y la valenciana, es decir, entre los antiguos reinos de Castilla y Aragón. De hecho, fue repoblado por castellanos y catalanes tras la expulsión de los musulmanes (de ahí que una de las hipótesis sobre el origen del nombre Santomera remita a un santo catalán: Sant Emer). Tras la Constitución de 1812, se convirtió en municipio, pero sólo por un año. Volvió a tener ayuntamiento propio en septiembre de 1978, tres meses antes de aprobarse la Constitución actual.

En este pueblo pasé los primeros años de mi infancia y en él resido desde 1992, aunque entretanto los dos hemos cambiado mucho, como ha cambiado el conjunto de España tras el final de la dictadura franquista, la recuperación de la democracia, la incorporación a la Unión Europea y la integración de nuestro país en el capitalismo globalizado.

Todo estos cambios han traído consigo una profunda transformación del paisaje (debido sobre todo al crecimiento urbano e industrial y a las nuevas vías de transporte) y del paisanaje (debido sobre todo a la llegada de los jubilados europeos, los llamados “turistas residenciales”, y de los trabajadores no europeos, los llamados “inmigrantes irregulares”, de los que ha dependido una gran parte del crecimiento económico español y a los que sin embargo se segrega como a los nuevos proletarios sin derechos del siglo XXI).

Mi abuelo materno se llamaba Antonio, era un hombre serio y austero, y se convirtió en un rico propietario agrícola. Mi abuelo paterno se llamaba José Manuel, era un hombre alegre y festivo, y se convirtió en un artista autodidacta. Ambos murieron antes de mi nacimiento. Yo sólo conocí a mis abuelas: Maravillas, que tuvo cinco hijos y dos hijas (la menor, María, fue mi madre) y Antonia, que tuvo dos hijos (el mayor, Manuel, fue mi padre).

Ambas familias eran muy católicas y apoyaron al régimen franquista, aunque había una cierta diferencia de clase entre mi familia materna, más rica, y mi familia paterna, más modesta. Mi padre, que estudió Magisterio y Filosofía, fue jefe local del Movimiento y alcalde pedáneo de Santomera. Dirigió una cooperativa agrícola que había fundado su hermano Antonio, fallecido prematuramente, y consiguió que el pueblo tuviese un Instituto de Bachillerato (hoy llamado Instituto de Educación Secundaria "Poeta Julián Andúgar"), en el que fue profesor de Filosofía.

Mis padres tuvieron cuatro hijas y tres hijos, y a todos nos hicieron estudiar en colegios religiosos. Entre los cinco y los nueve años, estudié con las Religiosas del Amor de Dios, que tenían un colegio en la Casa Grande del pueblo (construida por un tío de mi padre, también llamado Manuel, diseñada por mi abuelo artista en estilo neorrenacentista, utilizada para muy diversos fines y convertida hoy en el Centro Cultural de Santomera). Todas las mañanas, antes de entrar a clase, las monjas nos hacían formar, desfilar y besar la bandera española al ritmo de una marcha militar.

Entre los diez y los dieciséis años, tras aprobar el examen de ingreso en el Instituto de Santomera, estudié en régimen de internado en el Colegio Inmaculada de Alicante, dirigido por los jesuitas y frecuentado por los hijos de la burguesía industrial alicantina. Los padres de mis compañeros eran fabricantes de alfombras en Crevillente, de juguetes en Ibi, de cartonajes en Bañeres y Alcoy, de calzado en Elche, Elda y Petrel, de turrón en Jijona, de chocolate en Villajoyosa, etc. También había algunos hijos de hosteleros, transportistas, farmacéuticos, médicos, abogados y notarios. En cambio, éramos muy pocos los hijos de profesores, agricultores o trabajadores asalariados. Me sentía muy extraño en aquel lugar, pero mis padres me obligaron a cursar allí los seis años del antiguo Bachillerato y acabé encontrando algunos buenos amigos. Una vez superada la reválida del cuarto año, hice el Bachiller Superior de Ciencias. En aquel colegio recibí una sólida formación intelectual, pero también experimenté la férrea disciplina del internado católico, que contrastaba con las revueltas estudiantiles de los años sesenta y setenta.

A los catorce años, leí Un día en la vida de Iván Denisovich, primer relato del escritor ruso Alexandr Solzhenitsyn, que lo había publicado en 1962, y en el que narraba su experiencia en los campos de concentración soviéticos. La lectura de ese libro (editado por Plaza & Janés en 1969 y reeditado en 2008 por Tusquets) me causó una honda impresión y me hizo descubrir la sorprendente afinidad entre los campos soviéticos y mi propio encierro escolar. En sexto de Bachillerato, organicé una huelga contra el profesor de Filosofía, un jesuita que era el “padre inspector” de los internos de nuestro curso. Afortunadamente, conté con la comprensión y el apoyo de otros dos jesuitas, que luego han sido grandes amigos míos: Xavier Quinzá y José Joaquín Alemany, ya fallecido. Tras este incidente, mi padre me permitió abandonar el internado.

El último curso de secundaria, que en aquel entonces se llamaba Curso de Orientación Universitaria (COU), lo estudié en el Instituto de Bachillerato Alfonso X el Sabio de Murcia, donde elegí la opción de Letras (Historia, Literatura y Filosofía) y donde me sentí, por vez primera, un hombre libre. Ese año hice nuevos y buenos amigos, entre ellos José María Pozuelo. Pero la estancia en Murcia, adonde se había trasladado mi familia, me hizo chocar con la autoridad paterna y con el provincianismo de la ciudad.

Entre los 14 y los 16 años, comencé a leer mucha poesía (desde los clásicos del Siglo de Oro a los de la Generación del 27) y mucha novela (española, europea, estadounidense y latinoamericana). Todas esas lecturas despertaron en mí la vocación literaria. Pero, a los 16 años, comencé a leer a los clásicos de la filosofía europea (Platón, Agustín de Hipona, Descartes, Rousseau, Marx, etc.) y a algunos autores del siglo XX (Cassirer, Freud, Adorno, Fromm, etc.). Recuerdo, sobre todo, un par de libros que me conmovieron profundamente: La genealogía de la moral, de Friedrich Nietzsche, en la traducción de Andrés Sánchez Pascual para Alianza Editorial, y Del sentimiento trágico de la vida, de Miguel de Unamuno, en la colección Austral de Espasa-Calpe. Desde que descubrí a estos dos escritores y pensadores tan excepcionales, comencé a vivir dividido entre la vocación literaria y la filosófica, incluso después de haber optado por cursar los estudios universitarios de Filosofía.

En 1973, decidí marcharme de casa e iniciar en Madrid la Licenciatura en Filosofía. Al no conseguir el traslado de expediente por las trabas burocráticas de la época, cursé los dos primeros años en un colegio universitario dependiente de la Universidad Pontificia de Comillas. Volví a estudiar con los jesuitas, pero tuve la suerte de encontrarme con excelentes profesores, entre ellos Andrés Tornos Cubillo. Y como el colegio estaba oficialmente adscrito a la Universidad Complutense de Madrid, tras una interrupción de un año pude continuar la carrera en la Facultad de Filosofía de esta segunda universidad.

Durante los dos últimos años, fui alumno de José Luis López Aranguren, que había regresado del exilio y recuperado su cátedra de Ética y Sociología, tras la muerte de Franco en 1975. No obstante, la Facultad de Filosofía de la Complutense seguía sufriendo el peso del neotomismo y el nacionalcatolicismo franquista. Así que yo no la frecuentaba mucho. En cambio, acudía todos los miércoles a la tertulia filosófica de Agustín García Calvo, a la que asistían también Rafael Sánchez Ferlosio, Fernando Savater, Isabel Escudero, Tomás Pollán y otros sabios y amenos contertulios.

En 1974, comencé la Licenciatura en Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, que en aquellos años tenía su sede en la actual Escuela Universitaria de Estadística, al lado del Palacio de la Moncloa (convertido por Adolfo Suárez en residencia del Presidente del Gobierno), y era una de las facultades más activas en las movilizaciones universitarias contra la dictadura: asambleas, huelgas, encierros, manifestaciones, etc. Entre huelga y huelga, fui alumno de Jesús Ibáñez Alonso, inspirador de la sociología crítica española, y cursé la especialidad de Antropología Social con profesores como Enrique Luque y Teresa San Román.

Concluí ambas licenciaturas en junio de 1979. El 10 de octubre de 1979, presenté en la Universidad Complutense mi Tesis de Licenciatura en Filosofía, dirigida por Aranguren y titulada La ética después de Nietzsche.

Los seis años vividos en Madrid fueron decisivos en mi formación intelectual, en el despertar de mi conciencia política (pues coincidieron con el final del franquismo y el comienzo de la transición democrática) y en el descubrimiento del amor y de la muerte (pues en 1975 comencé a vivir con Alicia, la mujer que ha sido mi compañera desde entonces, y en 1977 murió mi madre).

El 15 de octubre de 1979, fui contratado por la Universidad de Murcia como Profesor Ayudante del antiguo Departamento de Historia de la Filosofía, y comencé a impartir la asignatura optativa Historia y genealogía del saber en la nueva Licenciatura en Filosofía, que había sido creada en 1975 y que al principio tuvo su sede en la antigua Facultad de Filosofía y Letras (hoy Facultad de Letras), de la que se segregó la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación (posteriormente dividida en tres nuevas facultades: Psicología, Educación y la actual Facultad de Filosofía).

El 23 de febrero de 1981, un grupo de militares tomó el Congreso de los Diputados, sacó los tanques en varias ciudades españolas y trató de dar un golpe de Estado, que fue abortado al día siguiente. Un mes después, el 16 de marzo, conocí al escritor Miguel Espinosa, gracias a un amigo común: José López Martí. Tres días después, el 19 de marzo, nacieron mis dos hijas mellizas, Inés y Teresa.

El 10 de diciembre de ese año, el gobierno de UCD solicitó la adhesión de España a la OTAN, en medio de una fuerte contestación social. Pocos meses después, el 28 de octubre de 1982, el PSOE ganó las elecciones generales por mayoría absoluta, y a partir de entonces gobernó durante catorce años con Felipe González como presidente, lo que le permitió modernizar el país y acercarlo a las grandes democracias europeas. El 1 de enero de 1986, España ingresó en la Unión Europea. En apenas una década, se produjo la transición democrática y la integración española en las instituciones euro-atlánticas, aunque en ese doble proceso siguieron pesando las hipotecas del franquismo, como el poder de la Iglesia católica, el olvido de las víctimas de la dictadura, la hegemonía económica de la derecha y la subordinación geopolítica a Estados Unidos.

Durante mis primeros cinco años en la Universidad de Murcia, compatibilicé la docencia de sucesivas materias (primero, la optativa Historia y genealogía del saber en la Licenciatura de Filosofía; después, la optativa Historia de la Filosofía en la Licenciatura de Historia; por último, la obligatoria Historia de la Filosofía Medieval en la Licenciatura de Filosofía) con la crianza de mis dos hijas y la realización de la Tesis de Doctorado en Filosofía, dirigida por Francisco Jarauta Marión y presentada el 5 de octubre de 1984, con el título De la guerra a la ciencia. Un estudio de los tratados militares medievales y renacentistas. La tercera parte de esta tesis fue publicada en 1987 con el título La fuerza de la razón. Guerra, Estado y ciencia en los tratados militares del Renacimiento, de Maquiavelo a Galileo (2ª ed. revisada y ampliada, 2008).

En 1987, obtuve una plaza de Profesor Titular de Filosofía en la Universidad de Murcia, tras presentar un proyecto docente de Historia de la Filosofía y un estudio sobre las Enéadas de Plotino, concebido como una “crítica de la razón mística” y publicado en 1990 con el título La razón silenciosa. Una lectura de las Enéadas de Plotino. A partir de entonces, impartí dos nuevas materias optativas: Filosofía de la Historia y Análisis del poder.

En 1997, obtuve una plaza de Catedrático de Filosofía en la misma universidad, tras presentar un proyecto docente de Filosofía de la Historia y un extenso trabajo de investigación, publicado en 2001 con el título Variaciones de la vida humana. Una teoría de la historia. A partir de entonces, impartí dos nuevas materias: la optativa Filosofía y Ecología, y la obligatoria Fenomenología, existencialismo y estructuralismo.

En 1990, entré en el Consejo de Redacción de Daímon. Revista Internacional de Filosofía, editada por el Departamento de Filosofía de la Universidad de Murcia, y desde entonces he coordinado varios números monográficos: Filosofía y Literatura (nº 5), en colaboración con Patricio Peñalver; A partir de Michel Foucault (nº 11); Hannah Arendt (nº 26); y Elias Canetti (nº 38), en colaboración con Pedro Medina y Andrea Borsari.

Sin abandonar en ningún momento la docencia y la investigación, decidí dedicar una parte de mi tiempo a la gestión académica, en un período histórico decisivo para la modernización y democratización de la universidad española, y en particular para la reforma y consolidación de la Licenciatura de Filosofía en la Universidad de Murcia, tras la puesta en marcha de la Ley de Reforma Universitaria (LRU) en 1983.

De 1987 a 1992, fui Secretario del nuevo Departamento de Filosofía de la Universidad de Murcia, que sustituyó y unificó a los antiguos departamentos de Ética y Sociología, Historia de la Filosofía, Lógica y Metafísica. De 1992 a 2006, aunque con una interrupción en 1995 y otra entre 1998 y 2001, fui Director del Departamento de Filosofía. En todos esos años, participé en las sucesivas reformas de la Licenciatura en Filosofía y en las comisiones de contratación de nuevo profesorado, contribuyendo de este modo a la renovación y consolidación de los estudios filosóficos en la Universidad de Murcia.

Fui Coordinador del Programa de Doctorado interdepartamental e interuniversitario España y Europa: Historia intelectual de un diálogo, que obtuvo la Mención de Calidad en los bienios 2004-2006 y 2005-2007. En los cursos 2007-2008 y 2008-2009, fui Coordinador del Máster en La modernización de España entre Europa e Iberoamérica (perteneciente al Programa de Postgrado en Filosofía), en el que participaron 5 centros, 9 departamentos, 16 áreas de conocimiento y 37 profesores e investigadores de la Universidad de Murcia.

De febrero a octubre de 2008, ejercí como Vicedecano de Ordenación Académica de la Facultad de Filosofía, con el fin de promover y coordinar los trabajos de la Comisión redactora del nuevo título de Grado en Filosofía, que comenzó a impartirse en el curso 2009-2010 y que ha permitido a la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia integrarse plenamente en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), conforme a lo acordado por los ministros de Educación de la Unión Europea en la Declaración de Bolonia (1999).

El 2 de junio de 2010, fui elegido Decano de la Facultad de Filosofía, con un equipo decanal del que también formaban parte los profesores María José Alcaraz León (Secretaria), Ángel García Rodríguez (Vicedecano de Ordenación Académica), Emilio Martínez Navarro (Vicedecano de Calidad y Postgrado) y Klaus Johannes Schriewer (Vicedecano de Relaciones Internacionales y Alumnado). Fuimos nombrados por el Rector el 9 de junio y tomamos posesión el 29 de ese mismo mes. Se inició así una nueva etapa en mi vida académica, en la que me propuse como principal objetivo la preservación y la mejora de la Facultad de Filosofía y de sus diferentes titulaciones de Grado, Máster y Doctorado.

Tras el fallecimiento inesperado del profesor Eduardo Bello Reguera, que había dirigido la revista Daímon desde su creación en 1989, el Departamento de Filosofía acordó digitalizar la gestión y publicación de la revista mediante el Open Journal Systems (OJS), renovar la estructura y la composición del Equipo Editorial (con un Director, un Secretario de Redacción y diez miembros del Consejo Editorial, especializados en otros tantos campos temáticos y seleccionados mediante convocatoria pública) y hacer coincidir el cargo de Director de la revista con el de Decano de la Facultad de Filosofía. Así fue como, a partir del número 50 (mayo-agosto 2010), denominado “Filosofía en España hoy. Eduardo Bello in memoriam”, comencé a ejercer como nuevo Director de Daímon. Revista Internacional de Filosofía, aunque la gestión efectiva y cotidiana de esta publicación pasó corresponde al Secretario de Redacción, que desde 2011 es el profesor Emilio Martínez Navarro.

El 7 de octubre de 2011, fui elegido Presidente de la Conferencia Española de Decanatos de Filosofía, tras la jubilación del anterior Presidente y Decano de Filosofía de la UNED, Manuel Fraijó. Fueron también elegidos, como Vicepresidenta, Ángela Sierra, Decana de Filosofía de la Universidad de La Laguna, y, como Secretario, Jacinto Rivera, nuevo Decano de Filosofía de la UNED. Nuestra primera iniciativa fue organizar, en colaboración con ocho asociaciones filosóficas españolas, unas jornadas de debate sobre "La situación de la filosofía en el sistema educativo español", que se celebraron el 4 y 5 de mayo de 2012, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. En esas jornadas se adoptaron una serie de acuerdos recogidos en la Declaración de la Flosofía Española, entre ellos la creación de la Red española de Filosofía (REF).

La Red española de Filosofía (REF) nació dos meses más tarde, el 29 de junio de 2012, en una reunión celebrada en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. En ella se estableció de manera provisional un Consejo de Coordinación, una Comisión Permanente y tres Comisiones de trabajo: de Enseñanza Secundaria, de Enseñanza Universitaria y de Agencias de Evaluación. Yo fui elegido Coordinador de la Comisión Permanente e inmediatamente me puse a trabajar, con los demás compañeros y compañeras, en la construcción de la REF. Ese trabajo coincidió en el tiempo con la puesta en marcha de una nueva ley educativa promovida por el gobierno del PP, la LOMCE o “Ley Wert”, en la que se suprimían dos de las tres materias obligatorias de Filosofía en la enseñanza secundaria: la Ética de 4º de la ESO, convertida en alternativa a la Religión, y la Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato, convertida en optativa. Así que, además de poner en marcha la REF, tuvimos que emprender toda una serie de iniciativas en contra de la LOMCE: artículos de prensa, vídeos, entrevistas con los políticos, movilizaciones públicas, enmiendas al Consejo Escolar del Estado y al Consejo de Estado, recogida y entrega de firmas en el Parlamento, etc.

Los días 19 y 20 de abril de 2013, se celebraron las “I Jornadas de debate de la REF”, que concluyeron con una asamblea general constituyente, en la que se adoptaron tres importantes acuerdos: se aprobó el documento La enseñanza de la Filosofía en el sistema educativo no universitario. ¿Cómo queremos enseñar Filosofía?, elaborado por la Comisión de Enseñanza Secundaria de la REF, presidida por Fernando Rampérez Alcolea; también se aprobaron los Estatutos de la REF; por último, se eligió a la primera Junta Directiva, se me encomendó el cargo de Presidente de la REF y se acordó que nuestro mandato concluyera en septiembre de 2014, con ocasión del I Congreso internacional de la Red española de Filosofía: Los retos de la Filosofía en el siglo XXI, que tuvo lugar en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Valencia, los días 3 a 5 de septiembre de 2014.

En la Asamblea General de la REF celebrada el 4 de septiembre de 2014, en el marco de su I Congreso, se renovó la Junta directiva, de la que fui reelegido presidente, y se renovaron también las distintas Comisiones de trabajo, por un periodo de tres años. Asimismo, se acordó que el II Congreso de la REF se celebraría en 2017, en la Universidad de Zaragoza.

En la Asamblea General de la REF celebrada el 14 de septiembre de 2017, en el marco de su II Congreso, celebrado en Zaragoza, se eligió a una nueva Junta directiva, presidida por mi querida amiga María José Guerra Palmero, profesora de la Universidad de La Laguna. Poco después, envié a todos los miembros de la REF una carta de despedida.

Tanto en la asamblea como en la carta de despedida, me comprometí a seguir colaborando con la REF, y en particular con el proyecto de impulsar y coordinar la creación de la Red Iberoamericana de Filosofía (RIF). Los miembros del grupo promotor de la RIF celebramos un primer encuentro el mes de abril de 2017 en Salvador de Bahía (Brasil), en el acordamos poner en marcha la creación de la RIF y aprobamos la Declaración de Salvador en favor de la Filosofía, pero la constitución oficial de la RIF tuvo lugar en el XIX Congreso Internacional de Filosofía "Mundo, Pensamiento, Acción", organizado por la Asociación Mexicana de Filosofía (AFM), que se celebró del 12 al 16 de noviembre de 2018 en la Universidad Autónoma de Aguascalientes (México).

El 2 de febrero de 2018, en un encuentro celebrado en la Facultad de Filosofía de la UNED, presenté mi renuncia a la presidencia de la Conferencia Española de Decanatos de Filosofía. Fue elegido como nuevo presidente Javier Zamora Bonilla, decano de Filosofía de la UNED.

El 13 de abril de 2018, se celebró en Murcia la XXVI Conferencia de Decanatos de Artes y Humanidades, organizada por las tres Facultades de la Universidad de Murcia integradas en la CDAH: Filosofía, Letras y Bellas Artes. Me impliqué muy activamente en la organización de este encuentro y la verdad es que mereció la pena, porque los asistentes nos felicitaron por la buena organización, porque acordamos convertir a la CDAH en una asociación legal y porque se eligió a una comisión promotora para ocuparse de esa tarea. Sin embargo, yo decliné la invitación a formar parte de esa comisión, pues mi cargo de decano concluía tres meses después.

El 30 de junio de 2018 concluyó mi etapa como decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia, iniciada en julio de 2010, y mi etapa como director de la revista Daimon, iniciada en enero de 2011.

Además de la docencia, la investigación y la gestión académica, he realizado otras actividades públicas más allá del ámbito universitario. En 1995, coincidiendo con las movilizaciones del profesorado español por la defensa de la Filosofía en la educación secundaria, promoví con otros compañeros la creación de la Sociedad de Filosofía de la Región de Murcia, de la que fui presidente hasta 1999, y en la que puse en marcha la celebración anual de una Semana de Filosofía y un Premio Juvenil de Ensayo.

El logo de la Sociedad de Filosofía representa a la diosa griega Atenea y fue diseñado por el pintor y escritor Ramón Gaya, socio de honor de la asociación. El original se conserva en el Museo Ramón Gaya de la ciudad de Murcia.

En 2001, ante la deriva política cada vez más conservadora de la derecha española, tanto en el conjunto de España como en la comunidad autónoma murciana, participé en la creación del Foro Ciudadano de la Región de Murcia, del que fui presidente hasta junio de 2007, y en el que promoví todo tipo de iniciativas cívicas: jornadas de debate, plataformas reivindicativas e informes críticos, como los que coordiné en 2003 y 2006 con el título El otro estado de la Región. El logo del Foro Ciudadano y el diseño de la portada de los informes fueron obra de la diseñadora Ana Cortils.

En junio de 2007, coincidiendo con la elección de Patricio Hernández Pérez como nuevo presidente del Foro Ciudadano, se inició la edición de una colección de monografías denominada Cuadernos del Foro Ciudadano, cuyo primer título fue La ciudad borrada. Crónica de la destrucción del conjunto histórico de Cartagena (1980-2006), obra de Juan Miguel Margalef Martínez, con fotos de Moisés Ruiz Cantero. En octubre de 2008, apareció el segundo cuaderno, coordinado por Andrés Pedreño y Francisco Torres: Pasajes de la Murcia inmigrante.

En diciembre de 2008, se editó un nuevo libro colectivo del Foro, coordinado por Alejandro Moreno Lax y prologado por Eduardo Galeano: La Región de Murcia patas arriba. Historias absurdas de hoy.

En septiembre de 2009, el Foro Ciudadano me pidió que coordinase de nuevo El otro estado de la Región. Informe 2010, una obra colectiva en la que participaron más de sesenta colaboradores y cuya presentación pública se hizo el 1 de diciembre de 2010 en el Palacio Almudí de Murcia.

En noviembre de 2011, Patricio Hernández y yo presentamos una ponencia colectiva titulada “Del nacionalismo hidráulico a la quimera del ladrillo: el caso de la Región de Murcia” (un texto coordinado por mí y redactado en colaboración con Miguel Ángel Esteve, Patricio Hernández, Carlos Felipe Iracheta, Julia Martínez, Andrés Pedreño y Manuel Tovar), en las jornadas Contra la depredación de los bienes comunes. Ciudad, territorio y capitalismo, organizadas por el Observatorio Metropolitano de Madrid y celebradas del 10 al 12 de noviembre de 2011. El texto ha sido publicado, junto con las demás ponencias de estas jornadas, en Observatorio Metropolitano de Madrid (eds.), Paisajes devastados. Después del ciclo inmobiliario: impactos regionales y urbanos de la crisis, Madrid, Traficantes de Sueños, 2013, pp. 389-430.

Mis dos primeros libros fueron un diálogo filosófico-literario, Diálogo de los mundos, escrito en 1980 y publicado en 1986, y un breve ensayo, Adiós al progreso. Una meditación sobre la historia, escrito en 1984, finalista del XIII Premio de Ensayo Anagrama en 1985 y publicado ese mismo año.

A estos primeros libros siguieron otros dos, ya citados: La fuerza de la razón. Guerra, Estado y ciencia en los tratados militares del Renacimiento, de Maquiavelo a Galileo (1987, 2ª ed. revisada y ampliada, 2008) y La razón silenciosa. Una lectura de las Enéadas de Plotino (1990).

En 1993, revisé e introduje la traducción española de dos textos breves de Georges Bataille, con el título El Estado y el problema del fascismo. Ese mismo año, conocí a Pilar Sánchez Orozco, con la que traduje en 1996 otro texto de Bataille, que también introduje: Lo que entiendo por soberanía.

En 2001, publiqué la obra más extensa y sistemática de cuantas he escrito hasta ahora: Variaciones de la vida humana. Una teoría de la historia. Ese mismo año, por una inesperada coincidencia, aparecieron otros tres volúmenes en los que recopilé diversos escritos de la década de los noventa: La invención del sujeto, Contra la Economía. Ensayos sobre Bataille y El gran experimento. Ensayos sobre la sociedad global.

Los artículos, ponencias y textos inéditos que fui escribiendo entre los años 2000 y 2007, los reuní en dos libros diferentes: El concepto de lo político en la sociedad global (2008) y El lugar del juicio. Seis testigos del siglo XX (Arendt, Canetti, Derrida, Espinosa, Hitchcock y Trías) (2009).

En 2015 publiqué Tierra de nadie. Cómo pensar (en) la sociedad global, que tuvo su origen en la conferencia de apertura del I Congreso internacional de la Red española de Filosofía.

En mayo de 2018 apareció mi libro Mundo, nosotros, yo. Ensayos cosmopoliéticos, en el que reúno cinco ensayos diferentes: el que da título al libro, en el que expongo mi concepción de la filosofía, y otros cuatro en los que analizo diversas cuestiones del actual proceso de globalización.

En septiembre de 2019 publiqué dos nuevos libros: El concepto de amor en Arendt, en el que propongo una nueva interpretación de la vida y la obra de Hannah Arendt, basada en la tesis de que la experiencia del amor fue el oculto agujero negro en torno al cual gravitó todo su pensamiento filosófico y político; y Un lugar en el mundo. La justicia espacial y el derecho a la ciudad, en el que parto de la idea arendtiana de que el “derecho a tener derechos” comienza por el “derecho a tener un lugar en el mundo”, y la utilizo como hilo conductor para analizar el “giro espacial de la cultura contemporánea”.


Última actualización: biografia 2020/05/09 20:10

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