Julio de 2026

La vida de una mujer gitana

Ceija Stojka, cuyo nombre se pronuncia Chaiya Stoyka, nació el 23 de mayo de 1933 en una posada de Kraubath, en la región de Burgenland (País de castillos), al este de Austria, en el seno de una familia gitana que pertenecía al grupo de los Lovara.

Burgenland (Őrvidék en húngaro) había formado parte de Hungría hasta que en 1921, tras la disolución del imperio austro-húngaro, pasó a ser uno de los estados federados de Austria. Los Lovara llegaron a esta región desde Hungría y Eslovaquia a finales del siglo XIX y principios del XX. Por eso, la variante del romaní que hablaban tenía una clara influencia húngara y eslovaca. Eran comerciantes de caballos (eso es exactamente lo que significa la expresión húngara Lovara) y llevaban una vida itinerante, recorriendo con sus caravanas la campiña de Burgenland.

Ceija era la quinta de seis hermanos. La inscribieron en el registro civil con el nombre de Margaret, pero ella siempre prefirió su nombre romaní Ceija, cuya raíz ceij significa chica o hija. El apellido Stojka lo heredó de su madre Sidonie, como es habitual en el pueblo romaní. Sus padres eran analfabetos, pero querían que sus hijos (tres niñas y tres niños) fueran a la escuela.

La historia del pueblo gitano o romaní

El pueblo gitano o romaní no procede de Egipto, como se creyó inicialmente en España -de ahí el nombre de «egipcianos» o «gitanos» con el que se nombró a los recién llegados-, sino del norte de la India. Los romaníes se extendieron por Europa a finales de la Edad Media y recibieron distintos nombres en distintas regiones: zíngaros, tsiganos, gitanos, bohemios, sintis, lovaris, calés, etc. El término «romaní» fue adoptado oficialmente por la Unión Romaní International (en romaní Romano Internacionalno Jekhetanipe) en 1971. Las expresiones rom (masculino) y romni (femenino) aluden a hombres y mujeres emparentados entre sí en el seno de una comunidad gitana ambulante, por oposición a gadjo (masculino) y gadji (femenino), payo y paya en español, que designan a los «otros» pueblos no gitanos.

Actualmente, los romaníes son la minoría étnica más numerosa de Europa, con una población entre 10 y 12 millones de personas. La mayoría viven de forma sedentaria y están alfabetizados, pero históricamente fue un pueblo nómada y de tradición oral, con oficios que les permitían desplazarse libremente de un lugar a otro, sin propiedades territoriales y sin sometimiento a ninguna autoridad política, económica o religiosa. Es precisamente ese nomadismo, esa forma de vida autónoma y «bohemia», esa diferencia cultural orgullosa de sí misma, lo que suscitaba una mezcla de admiración y de rechazo entre las comunidades sedentarias con las que se relacionaban. Puede decirse que los gitanos, durante toda la época moderna, han sido los últimos «salvajes» nómadas en el corazón de la Europa «civilizada» y sedentaria.

La persecución y el control disciplinario de los gitanos

Como dice el historiador austríaco Gerhard Baumgartner, a partir del siglo XVIII el término «gitano» -y sus sinónimos- adquirió un significado polisémico y fue utilizado por la policía de los nacientes estados-nación europeos no sólo para identificar a una etnia determinada sino también para estigmatizar a todos los individuos y colectivos que se salían de las normas sociales dominantes: los pobres, los vagabundos, los considerados asociales, criminales, «peligrosos» e «infames», todos esos colectivos de los que se ocupó Michel Foucault en sus estudios genealógicos sobre la formación de las modernas tecnologías disciplinarias, por ejemplo en el curso del Collège de France Los anormales (1974-1975).

La vigilancia y el registro de los llamados genéricamente «gitanos» se convirtió en una de las principales tareas de las fuerzas policiales que se instituyeron a finales del siglo XIX y principios del XX en los estados-nación de Europa.

Los romaníes europeos fueron uno de los primeros grupos a los que se asignaron «documentos de identificación» en el sentido moderno de la expresión. Según Baungartner, los primeros documentos de este tipo los expidió la policía francesa en 1912 para los vagabundos en general.

El «censo de gitanos» no tardó en convertirse en uno de los principales objetivos de la nueva organización policial internacional, la Policía Criminal Internacional (PCI), que se fundó en Viena en 1923 y fue el antecedente directo de la Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL). En las décadas de 1920 y 1930, el censo y la persecución de los llamados «gitanos» era una de las tareas más atractivas de la carrera policial, porque ponía en juego las técnicas de investigación más avanzadas, como las huellas dactilares o la fotografía, y la colaboración con otras fuerzas policiales en operaciones de alcance internacional.

Los gitanos en España

La presencia de los gitanos en España está documentada en la primera mitad del siglo XV, y probablemente procedían de Francia. El rey Alfonso V de Aragón concedió en 1425 un salvoconducto a Juan de Egipto Menor y a su gente para moverse libremente por el reino. Sin embargo, el 4 de marzo de 1499 los Reyes Católicos promulgaron la primera Pragmática contra «los egipcianos que andan vagando por nuestros reinos y señoríos con sus mujeres e hijos». El propósito de esta ley era asimilarlos a los súbditos de los reinos hispanos, es decir, acabar con su nomadismo, su autonomía y su diferencia cultural, obligándolos a vivir en un lugar fijo, a practicar un oficio estable y a servir a un señor territorial. Se pretendía convertirlos en «vasallos como los demás», como sucedió también con los moriscos, los judíos y los indígenas americanos. En caso contrario, se les amenazaba con la tortura y el destierro.

A partir de entonces se promulgaron en España más de 200 leyes antigitanas. El 30 de julio de 1749 se produjo la Gran Redada: Fernando VI ordenó el apresamiento de todos los denominados «gitanos» del reino (entre 10.000 y 12.000 hombres y mujeres, ancianos y niños), y esta orden fue ratificada por la Real Instrucción de 28 de octubre, relativa al «recogimiento» de los gitanos por ser una «multitud de gente infame y nociva». Estuvieron encerrados durante 16 años, hasta que Carlos III los liberó y les permitió volver a su vida itinerante.

En 1844 se crea en España la Guardia Civil, un cuerpo militar de ámbito estatal cuya función específica era el control de la población civil española. Durante el franquismo llegó a contar con unas 3.000 «casas cuartel» repartidas por todo el territorio, sobre todo en las zonas rurales. Desde su creación, uno de sus principales objetivos fue la vigilancia de las actividades de los bandoleros, vagabundos, «maleantes» y gitanos, como reflejó el poeta Federico García Lorca en su primer libro, el Romancero gitano (1928). Lorca, por cierto, fue asesinado por los alzados contra la II República poco después del inicio de la Guerra Civil, por el doble delito de ser homosexual y republicano.

Durante el régimen franquista se prohibió expresamente el uso del habla gitana, el «caló», por ser una «jerga delincuente». La Constitución de 1978 es la primera norma jurídica que reconoce, al menos sobre el papel, la igualdad plena de todos los ciudadanos nacidos en España, incluidos los gitanos.

Pero la relación de España con los gitanos ha sido siempre paradójica y ambivalente: por un lado, se los ha estigmatizado y perseguido desde los Reyes Católicos hasta la dictadura de Franco; por otro lado, se los ha admirado e inmortalizado, especialmente a partir del romanticismo del siglo XIX, en todo tipo de creaciones artísticas: la pintura, el grabado, la escultura, la literatura, la música, etc.

En el campo de las artes plásticas, la lista de artistas españoles que representaron a los gitanos es muy larga: Goya, Nonell, Anglada-Camarasa, Zuloaga, Romero de Torres, Madrazo, Fortuny, Sorolla, Benlliure, Doré, Echevarría, Picasso, Dalí, Miró, etc.

En el campo de la literatura, recordemos La Gitanilla (1613), la primera y más larga de las doce Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes, pero también La Biblia en España (1843) de George Borrow, que además tradujo el Evangelio de Lucas al caló, y el Viaje por España (1862) de Charles de Davillier y Gustave Doré, con abundantes ilustraciones de este último.

En el campo de la música, basta citar la célebre ópera Carmen, una de las más populares y representadas del mundo, cuya protagonista es una cigarrera gitana de Sevilla: la música fue compuesta por Georges Bizet, el libreto se inspiró en la novela del mismo título de Prosper Mérimée y su estreno tuvo lugar en París en 1875.

Más allá de todas estas representaciones artísticas, literarias y musicales realizadas por los «payos», la relación de España con los gitanos es especialmente paradójica porque este pueblo marginado y de tradición oral fue capaz de crear una sorprendente innovación cultural, el flamenco -en sus distintas modalidades de cante, baile y guitarra-, y esta peculiaridad de la cultura gitana, especialmente en Andalucía, ha sido adoptada, celebrada y divulgada internacionalmente como uno de los rasgos más distintivos de la cultura española. En 2010, la UNESCO reconoció al flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Uno de los primeros en reivindicarlo como tal fue Antonio Machado Álvarez, padre de los poetas Antonio y Manuel Machado y del pintor José Machado, sobre todo con la publicación de su Colección de cantes flamencos (1881), considerada como el origen de la flamencología. Para una comprensión del flamenco como la gran aportación cultural del pueblo gitano, recomiendo el libro de mi buen amigo el filósofo y flamencólogo José Martínez Hernández Poética del cante jondo. Filosofía y estética del flamenco (2018).

El nazismo y la «solución final de la cuestión gitana»

Pero volvamos a la Austria en la que nació y vivió Ceija Stojka. En la década de 1930 residían en el país unos 12.000 romaníes, y unos 9.000 se concentraban en la región de Burgenland. La mayor parte de ellos eran pobres y vivían como jornaleros agrícolas sedentarios, pero una minoría era nómada y practicaba oficios que les permitían desplazarse de un lado para otro, como les sucedía a los Lovara, el linaje familiar del que formaba parte Ceija Stojka.

El 15 de enero de 1933, varios alcaldes y diputados del parlamento de Burgenland se reunieron en Oberwart para discutir la «cuestión gitana» y llegaron a plantearse tres posibilidades: esterilizarlos para que no pudieran reproducirse, deportarlos a campos de trabajo o enviarlos a una isla del Pacífico.

El 30 de enero de ese mismo año, Adolf Hitler, jefe del Partido Nacional-Socialista Obrero Alemán (NSDAP), conocido como el partido «nazi», es nombrado canciller de Alemania y en apenas tres meses se convierte en un dictador totalitario. En 1934 el nuevo régimen nazi comienza su programa de esterilización de los gitanos residentes en territorio alemán. El 15 de septiembre de 1935, las leyes de Nüremberg instauran la discriminación racial en el III Reich: los gitanos, los judíos y los alemanes considerados no «arios» son declarados extranjeros en su propio país y despojados de sus derechos civiles. En 1936 son enviados a Auschwitz 400 sinti alemanes, los primeros deportados del pueblo romaní.

El 12 de marzo de 1938, Austria es anexionada por la Alemania nazi y los romaníes austríacos también son privados de sus derechos y comienzan a ser deportados a los campos de concentración y de exterminio, junto con judíos, comunistas, homosexuales, discapacitados, etc. Las niñas y niños gitanos ya no pueden ir a la escuela y los matrimonios mixtos son prohibidos.

La familia de Ceija instala su caravana en Viena y la acondiciona a modo de vivienda permanente, para pasar desapercibidos. Sus hermanas y su padre se ponen a trabajar en una fábrica. El 8 de diciembre de 1938, un decreto de Himmler anuncia la «solución final de la cuestión gitana». El 5 de junio de 1939, un nuevo decreto ordena la deportación de 3.000 romaníes a los campos de concentración de Dachau, Buchenwald y Ravensbrück.

Entre 1933 y 1945, se estima que fueron asesinados entre 200.000 y 500.000 romaníes, es decir, entre el 20% y el 50% de todos los gitanos que vivían en Europa. Uno de ellos fue el padre de Ceija: detenido el 20 de enero de 1941, deportado a Dachau y trasladado después a Schloss Hartheim, donde muere en noviembre de 1942, probablemente gaseado. El 16 de diciembre de ese año, un decreto ordena la deportación de todo el pueblo romaní al campo de Auschwitz-Birkenau, el mayor campo de concentración y de exterminio del régimen nazi, situado en la Polonia ocupada. Todos los deportados romaníes son agrupados en la sección B IIe, compuesta por 32 barracones, denominada Zigeunerlager (Campo de los gitanos) y situada muy cerca de las seis cámaras de gas y de los cuatro hornos crematorios.

Ceija y su familia en los campos de exterminio

Tras la detención y deportación del padre de Ceija, los demás miembros de la familia trataron de ocultarse para escapar a las redadas de los nazis. Sin embargo, el 3 de marzo de 1943, cuando aún no había cumplido diez años, Ceija fue detenida y deportada junto con su madre, su hermana María (llamada Mitzi) y sus tres hermanos varones. Su hermana Katherine (Kathi), detenida desde comienzos de 1942, también fue llevada a Auschwitz. A cada romaní que ingresaba en el campo se le tatuaba en el brazo un número precedido por la letra Z como abreviatura de Zigeuner. Ceija fue marcada con el número Z-6399.

El 16 de mayo de 1944, se produjo una revuelta de los gitanos porque habían averiguado que las SS querían eliminar a todos los miembros del Zigeunerlager. La revuelta fue reprimida, pero las SS tuvieron que retrasar su proyecto. Antes de llevarlo a cabo, desplazaron a otros campos a los gitanos que estaban en condiciones de trabajar.

Un mes antes de la revuelta, la hermana mayor de Ceija (María, llamada Mitzi) había sido trasladada ya a Ravensbrück, un campo reservado para mujeres. El 19 de mayo, el hermano menor de Ceija (José, llamado Ossi) muere de tifus, una enfermedad que se había propagado en la sección de los gitanos. En julio, Ceija, su madre y su hermana Katherine (Kathi) son enviadas también a Ravensbrück, mientras que sus hermanos Hans (llamado Mongo o Hansi) y Karl (llamado Karli) son conducidos a Buchenwald y meses después a Flossenbürg. En la noche del 2 de agosto, las SS liquidan el campo gitano de Auschwitz y cerca de 3.000 personas romaníes son asesinadas en las cámaras de gas. En total, se estima que 19.000 de los 23.000 romaníes enviados a Auschwitz murieron en ese campo.

En los primeros meses de 1945, Ceija y su madre son trasladadas de nuevo al campo de Bergen-Belsen. En cambio, su hermana Kathi es enviada a Rechlin-Retzow y su hermana Mitzi a Buchenwald. El 15 de abril, el ejército británico libera el campo de Bergen-Belsen. En ese momento había 60.000 supervivientes y 35.000 cadáveres no enterrado. Ceija y su madre, una vez liberadas, caminan durante cuatro meses hasta llegar a Viena, donde se reúnen con Mitzi y Kathi, y más tarde con Hans y Karl. Fueron los únicos supervivientes de un clan familiar de unas doscientas personas.

Tras el trauma del genocidio: «Auschwitz es mi abrigo»

Entre 1946 y 1948, Ceija y su familia viven en Viena, en diversos apartamentos abandonados por los nazis. Ceija trata de inscribirse en una escuela, pero finalmente decide aprender a leer y a escribir de forma autodidacta. En 1948, cuando los apartamentos son devueltos a sus antiguos propietarios, y dado que los gitanos no son reconocidos como víctimas de guerra, la familia de Ceija vuelve a vivir en una caravana y trata de retomar su existencia nómada. La República Federal de Alemania no reconoció el genocidio de los gitanos hasta 1979, cuando la mayor parte de los supervivientes ya habían muerto. La madre de Ceija se casa de nuevo y tiene una hija, Monika. Para poder sobrevivir, Ceija oculta su origen gitano y se dedica a vender tejidos de puerta en puerta y tapices en los mercados callejeros de Viena. Ese oficio de vendedora ambulante fue su medio de vida hasta 1984.

Tras la traumática experiencia de los campos de concentración y de exterminio, comienza la pérdida paulatina de varios miembros de su familia: su hermana Mitzi (1974), su madre Sidonie (1976), su hijo Jano (1979), que era músico y apenas tenía 24 años, su compañero Kalman Horbath (1998) y su hermana Kathi (1999).

En 1986, animada por la cineasta Karin Berger, que estaba realizando un documental sobre la resistencia de las mujeres austríacas en los campos de concentración, Ceija Stojka comienza a escribir sobre su vida como gitana. En 1988, con 55 años de edad, se convierte en la primera persona que da testimonio público del genocidio sufrido por los romaníes, llamado por los historiadores Porajmos o Samudaripen. Lo hace mediante la publicación de dos libros en los que cuenta su infancia, la deportación sufrida por ella y por su familia, y los primeros años tras su liberación: Wir leben im Verborgenen. Erinnerungen einer Rom-Zigeunerin (Vivimos en la clandestinidad. Recuerdos de una mujer gitana) (1988) y Reisende auf dieser Welt (Nómadas en este mundo) (1992), reeditados de manera conjunta el año de su muerte, con el título Wir leben im Verborgenen. Aufzeichnungen einer Romni zwischen den Welten (Vivimos en la clandestinidad. Apuntes de una mujer gitana entre dos mundos) (2013). Su testimonio tendrá tanto eco en Austria que servirá de estímulo para la creación de la primera asociación romaní austríaca en 1989.

Aunque era considerada una mujer medio analfabeta, entre 1988 y 2008 Ceija Stojka publica cuatro libros impactantes: a los dos ya citados hay que añadir la entrevista con la cineasta Karin Berger (Träume ich, dass ich lebe? Befreit aus Bergen-Belsen (¿Sueño que vivo? Liberada de Bergen-Belsen) (2005) y el poemario Auschwitz ist mein Mantel (Auschwitz es mi abrigo) (2008). Hasta la fecha, sólo se ha traducido al castellano ¿Sueño que vivo? Una niña gitana en Bergen-Belsen (trad. de Pilar Mantilla, Madrid, Papeles Mínimos, 2019).

Paralelamente, se convierte en una activista que reivindica los derechos y la cultura del menospreciado pueblo romaní. En el año 2000 edita Me Diklem Suno (Tuve un sueño), un disco de canciones romaníes en dialecto lovara interpretadas por ella misma. La ya citada Karin Berger dirigió dos documentales sobre ella: Ceija Stojka. Porträt einer Romní (Ceija Stojka. Retrato de una mujer gitana) (1999) y Unter den Brettern heligrünes Gras (Bajo las tablas hierba fresca) (2005).

Pintar la vida y la muerte: «mantener los ojos abiertos»

Pero su testimonio no es sólo literario y musical. Su hermano Karl, que había vivido en Estados Unidos desde 1968, regresa a Austria en 1985. Desde la década de 1970 había comenzado a pintar obras abstractas o escenas relacionadas con los campos nazis. Eso debió ser un estímulo para Ceija, que a partir de 1989 también comenzó a dibujar y a pintar de manera completamente autodidacta. Se entregó por entero a su nueva vocación hasta su muerte en 2013. Pintaba todos los días, en la mesa del comedor de su apartamento vienés. Su trabajo fue tan intenso y continuado que llegó a pintar, en papel, en cartón o en tela, más de mil obras. Sin embargo, la mayor parte de su producción pictórica fue conocida sólo después de su muerte.

Los dos temas principales de sus dibujos y sus pinturas son los felices años de su infancia y los aterradores años del régimen nazi: por un lado, el recuerdo gozoso de la vida ambulante con su familia romaní; por otro lado, el recuerdo terrible de los campos de exterminio en los que conoció las formas más extremas de la crueldad humana. Todo su empeñó consistió en «mantener los ojos abiertos» (el símbolo del ojo está constantemente presente en muchos de sus dibujos y pinturas), tanto para denunciar el terror de la violencia genocida como para celebrar la vida, la naturaleza, el amor, la alegría y la belleza.

En los últimos años de su vida recibió varios premios y reconocimientos públicos, no sólo por su obra artística sino también por su testimonio vivido del genocidio del pueblo romaní.

Muere el 28 de enero de 2013, a los 79 años. Desde entonces, se han multiplicado las ediciones de sus escritos, las exposiciones antológicas de sus dibujos y pinturas, los estudios sobre ella y los documentales sobre la historia del pueblo romaní.

La primera muestra antológica de su obra la realizó el Museo Judío de Viena en 2004. El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedicó la exposición Ceija Stojka. Esto ha pasado, que se celebró en Madrid del 21 de noviembre de 2019 al 23 de marzo de 2020 y cuyo catálogo se publicó con el mismo título (Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2019, 178 p.).

Yo he tenido la suerte de descubrirla gracias a una exposición organizada por el Musée de Beaux-Arts et d’Archéologie de Besançon (Francia), con el título Ceija Stojka. Gardez les yeux ouverts, que permanecerá abierta del 27 de febrero al 21 de septiembre de 2026.

Muchos de los datos sobre Ceija Stojka y sobre el genocidio del pueblo romaní los he tomado del catálogo editado por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el folleto editado por el Musée de Beaux-Arts et d’Archéologie de Besançon y el relato autobiográfico de la propia Ceija ¿Sueño que vivo? (2005).


Última actualización: campillo@um.es 2026/07/27 13:32

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  • Última modificación: 2026/08/13 18:36
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